Es curioso ver cómo la amplia mayoría de nosotros, día a día, nos sentamos frente al ordenador o la televisión viendo todo tipo de programas, películas o documentales sin prestar la mínima atención. Estamos en tal estado de “predeterminación” que sin más seguimos como borregos lo que nos quieren vender los órganos de control (medios de comunicación y Estado). Resulta significativo ver cómo todas las familias almuerzan o cenan con la televisión puesta. Por norma no escrita se suele sintonizar los informativos, que en su labor de informar o desinformar, según como lo interprete cada uno, detallan todos los sucesos acaecidos ese día y ¿qué pasa entonces? Pues se empieza con la retahíla de noticias “desagradables” y con la consiguiente respuesta por parte de todas las personas que se encuentran presenciado tales imágenes: “¡Por Dios! Quita eso que nos está amargando la comida tanto muerto a estas horas”. Hasta aquí todo parece normal sino fuera porque lo siguiente que se suele hacer es poner la telenovela de la sobremesa y empezar a moquear con las aventuras de una tal Daniela Fernanda que se ha roto una uña. ¿Cómo se llama esto? Bajo mi punto de vista: hipocresía.
Nos indignamos cuando presenciamos en la televisión hechos que suceden todos los días a las puertas de nuestras casas pero lloramos desconsoladamente con historias ficticias.
Todas estas ideas son lo primero en lo que he pensado al ver este corto. En apariencia el corto “Saltando” son unos dibujitos que entretienen a los más pequeños. De los que vemos sin prestar mucha atención, sin aplicar el pensamiento crítico que tanto falta en estos momentos. Sin embargo, esconde un gran significado. Nos muestra a la perfección lo que ocurre en nuestras vidas. Sería muy interesante trasladar esta fábula a dimensiones humanas pues de ese modo podremos verlo más claro.
El cordero bien podría ser una persona cualquiera, de esas que tiene una vida “normalizada”. Con un puesto de trabajo, unas redes sociales sólidas y sin aparentes problemas de ningún tipo. Hasta ahí todo bien, si no fuera porque cierto día, por ejemplo, pierde su puesto de trabajo (en el caso del cordero que lo esquilaran). Es aquí donde empezaría la otra parte: las dificultades y trabas. Al igual que nuestro protagonista, la persona desempleada deja de bailar y cantar para pasar a formar parte del grupo de personas que están en riesgo grave de exclusión. Además, no debemos olvidar que toda la población en general está en riesgo de sufrir exclusión, pues como hemos visto por el simple hecho de perder el trabajo se entra en una espiral de la cual resulta difícil salir ya que se ven resentidas todas las relaciones sociales que poseemos las personas (grupo de iguales, familia, ocio…). Al igual que el cordero que al perder su hermosa lana, todos los demás animales que antes cantaban y bailaban con él, ahora se ríen de él, la persona, que a ojos de los demás, no entra en los parámetros de lo normal simplemente se deshecha, produciéndose la exclusión social, y es precisamente en este sentido es en el que se integra la actuación de los profesionales de lo social.
En este caso, considero que el “conejílope” es el que hace el rol de educador o trabajador social. Le hace ver que pese a su apariencia y a las burlas de los demás sigue siendo el mismo. Asimismo le muestra sus potencialidades, las cuales debe usar para que las burlas de sus vecinos no le afecten. Lo que creo más importante es la perfecta retirada que realiza el “conejílope” puesto que asesora y acompaña pero le deja terminar el camino él sólo. Es decir, le deja que actúe con autonomía para resolver sus conflictos.
En definitiva, considero que este corto es de los que en pocas palabras te hace reflexionar y cuestionar toda la estructura social que tenemos montada entre todos.
martes, 26 de enero de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario